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Lunes, 26 de julio del 2010
Ayer se dio a conocer a los medios de comunicación el papel que juega (¿jugaba?) el Cereso número 2 de Gómez Palacio, Durango, en donde --al parecer, con la venia de la directora del penal-- un grupo de reos, pertrechados con las armas de los propios custodios, eran sacados de noche para que cumplieran con diferentes encomiendas del crimen organizado.
De acuerdo con los peritajes, en esas correrías nocturnas fueron ultimados casi una veintena de personas el pasado domingo 18 de julio, así como perpetrados otros hechos violentos en los días 15 de mayo y 1 de febrero de este año en centros de reunión de Torreón (ciudad vecina de Gómez Palacio). Las autoridades federales han dicho (¿qué otra cosa podrían decir?) que se buscará castigar a los funcionarios involucrados de forma ejemplar. El flamante secretario Blake, desde Bucareli, está cumpliendo fielmente las órdenes de su jefe, que se refieren exclusivamente a seguir con su guerra contra la delincuencia, la cual está a todas luces perdida y sin duda no será continuada por el próximo presidente, venga de donde venga y sea quien sea. El asunto es que, mientras sigue muriendo gente (no se puede hablar de dos bandos solamente --policías, militares, delincuentes, civiles que nada tienen que ver), Calderón llevará su capricho... que diga, estrategia, hasta el último día de su sexenio, en tanto la corrupción, la descomposición, la colución, la falta de compromiso social, etc., de muchos funcionarios públicos continúan prácticamente intactas. |
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