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Lunes, 5 de julio del 2010
Más allá de las impugnaciones, de las inconformidades, de las acusaciones entre partidos, etc., las elecciones locales de ayer, llevadas a cabo en doce estados, demuestran una sola cosa a partir de la participación ciudadana: la gente está harta de sus gobernantes, de sus políticos, de sus legisladores, de toda esa mafia que se ha adueñado de las instituciones en provecho exclusivo de su persona, sus familias y los partidos que los postularon.
No hay otra forma de explicar el altísimo índice de abstencionismo. Tampoco tiene otra explicación sensata el cambio de color partidista (tricolores por amarillos o azules, azul-amarillos por tricolores), que en el fondo no es sino un desesperado intento de la ciudadanía por salir de guatemala... ¡para entrar en guatepeor! La única lección que debemos aprender los mexicanos es que los políticos son todos iguales. La "alternancia" (como pomposamente se le llama a los turnos que toman los partidos para roer el hueso) es ilusoria. El país seguirá yéndose al abismo sí o sí, mientras los partidos continúen teniéndolo en sus manos. Referencias
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